jueves, 5 de junio de 2008

Confesión: Rimo cosas

Los que me conocéis un poco sabéis que escribo invariablemente un poema cada día. O cada dos como máximo. A veces me salen cosas curiosas. Otras veces me salen cosas. A secas. No pretendo ser poeta. Aunque a veces de pretencioso lo pretendo. El caso es que me encanta escribir, es una necesidad que no me puedo quitar de encima. Empecé a escribir por azar, por una mujer. ¿Acaso hay algo en este mundo que no sea fruto de una mujer?

Sé que este no es el sitio adecuado para empezar a vomitar versos sin sentido. Pero me encanta publicarlos. Es como el último paso. Así que como hoy no se me ocurre nada interesante que decir, voy a dejar aquí algo que acabo de escribir. Se lo dedico a lilith, que al fin y al cabo es nuestra única lectora asidua que deja comentarios y si visitáis su blog, veréis que le interesa el tema. Y que se le da muy bien, por cierto.

Y si, soy consciente de que estoy en horas bajas de inspiración. Así que mañana saldremos a buscarla, escribiremos una cronotaja y todo volverá a la normalidad. Verdad Capitán? Verdad? (De todas formas agradezco tus críticas).


Tarde de otoño muerta

Aviones cruzan el cielo, tarde de otoño
las hojas flotan rumbo al suelo
el dorado del sol traza líneas tras tus ojos
nuestro pelo vuela, baila uno con otro
lágrimas resbalan como escoltando un sentimiento
un lamento atrincherado tras dos gargantas resecas
talladas sobre cobre, resto del verano muerto.

El sonido de tu voz se quiebra, seco
como una rama del abeto que sobre tu espalda descansa
y las olas a lo lejos siguen su murmullo
arrullo sosegado que susurrando calla
las gaviotas en el cielo juegan con el fuego
mientras el fuego juega contra las nubes blancas.
Mientras el sueño, cobarde, se escapa.

Mis párpados se abrazan entrelazando pestañas
y la tarde se hace noche con una luna de plata*
oigo voces, que quizás antes no estaban
cógela y huye, escapa! Escapa!
No me detiene ninguna puerta cerrada
quizás pueda robarte y guardarte en la solapa
llevarte donde yo voy, y tu no dirías nada.

Navegaríamos suicidas el aire entre las cornisas
al borde de un abismo cinturón de corazones
invisibles, entre tantos turistas
volveríamos nuestras heridas canciones
sobre ese salto hacia delante, último instante
cuando paralizados veíamos llegar el hierro
sobre raíles de te quiero. Te quiero. Te quiero.

Abro los ojos, hojas colisionan aviones
y nubes ahogan de grises el techo de mis anhelos
con complicidad y ternura un dorado se filtra y dibuja
un reguero de arena sobre la cara del viento
como el rastro del amor en el recuerdo
con un hormigueo sutil, casual y placentero
la felicidad, fugitiva, me acaricia entre los dedos.


*Mirad un rato al sol y cerrad los ojos (que no llegue al segundo, no os vayáis a quedar ciegos y no podáis volver a leer este blog).

2 Hielos:

sirius dijo...

me he colado en tu blog... . me atrae tu brusca sinceridad, puedo leer en tu mente y eso últimamente resulta difícil. Por favor, vomita versos sin sentido, aquí tendrás una seguidora, si lo permites. Un abrazo.

paredes dijo...

nunca había comentado tus versos porque cuando comenzaste a plantarlos en el blog me descolocaban un poco, pero acabo de leer este y me gusta un motón y el del post de yves tb ese es original, sigue así..